Enaltecer la juventud espiritual y mental del Ángel, es un sinceramiento de costumbres cálidas que se desvelan en su sonrisa. Ese señor exhibe con naturalidad las formas colapsadas de deshinibición y las angustiadas a veces, donde pasean humanismos fugados. Este menester ha sido comprendido, pero no fue apabullado su ánimo que con fuerzas se levanta como su pueblo que alguna vez fue maltratado por las aguas irrespetuosas. Cuando austera, su ternura, juega dialécticamente con la despreocupación y las formas del simplismo, las almas fácilmente encuentran regocijo en ese pequeño y dulce esqueleto como si fuera un imán. Uno sabe, que el mejor refugio es el oído que presta, ya partido y reseco, que tantos mandatos ha padecido, pero tantas palabras prohibidas y bienaventuradas ha recibido y aprendido ¡Ya quedó desgraciado de tanto que dio este viejo! Ha regado muchas angustias de alegría, ha pintado de falso optimismo las mesetas inmutables, y por sobre todo ha vivido sin mas pudor que el que pierde cuando implora un abrazo.
domingo, 17 de abril de 2016
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