Desde aquellas cosas tan acogedoras como la costumbre calurosa de andar esperando tus manos estrujando mi pequeñez, es que, entero, persuado mis generaciones y ando permitiendo impulsivamente, algún tipo de regocijo cíclico sobre el colchón de tiempo. Que, aunque temo. Siempre temo de lo que creo, me asusta, y es mi forma extremista de pensar en cantidades las cosas, en vez de ser paciente y creer en momentos. En no divisiones apuradas de existencias. Casi una contradicción constante a sabiendas de mi propia sinceridad. Entonces, ya conmigo pero a una distancia considerable, y sin necesariamente, tu calor, me veo impregnado de mesas de luz al lado mío. Mil soledades.
Mi única decisión. Que tampoco creo que sea mi adaptación obligatoria. A veces creo que las soluciones materiales hacen variar mucho mas la evolución psico-sentimental-creativa. Pero si de repente me distingo de materialista, ya mi visión es abarcar y abarcar.
martes, 30 de septiembre de 2014
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